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lunes, febrero 16, 2026
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El kamikaze jurídico o el fin de los intocables

En el ajedrez del caso Miguel Ángel Celis (El Animal), hay una pieza que se mueve con estridencia, provoca, confronta y después desaparece del tablero detrás del ruido encendido: Carlos Tress Orgazón.

En redes sociales presume ser defensor de Celis. En los hechos, durante el último mes, ha convertido a Tehuacán en escenario de confrontación permanente: irrupciones públicas, discursos cargados de soberbia, declaraciones que bordean el absurdo, y que, en más de una ocasión, caminan peligrosamente al margen de la ley.

El resultado no es menor: un solo día de tensión bastó para paralizar actividad económica, generar pérdidas millonarias y sembrar incertidumbre no sólo en un consorcio familiar, sino en una ciudad entera. Eso no es litigio estratégico, es presión mediática.

La reputación de Tress Orgazón no es un misterio. Basta una búsqueda elemental para encontrar antecedentes polémicos y señalamientos que explican por qué su estilo no es precisamente el de la sobriedad jurídica. Opera como kamikaze: aparece, provoca, incendia el entorno y asume el costo reputacional que otros no están dispuestos a asumir.

Y aquí es donde el contexto se vuelve delicado. Detrás del ruido aparecen nombres y estructuras que remiten al grupo político que operó en Veracruz durante la era de un gobernador intolerante y corripto, Javier Duarte de Ochoa. Personajes acostumbrados a prácticas opacas, a métodos de presión política y a la construcción de narrativas para forzar decisiones que no pueden ser ganadas en tribunales. La hipótesis es clara: cuando la justicia no favorece, se intenta fabricar la percepción de corrupción. Cuando no se obtiene la libertad en audiencias, se busca la presión callejera.

Mientras tanto, el Kamikaze se adjudica actos, gestiona escenarios y construye relatos en favor de Miguel Ángel Celis, el mismo personaje privado de la libertad, no por capricho político, sino por determinaciones judiciales derivadas de sus propias acciones.

Pero el guion no se queda ahí. El Centro de Justicia de Tehuacán ha sido utilizado como escenografía. Galería improvisada. El “MoMA” local, según la ironía que ya circula en la ciudad. Se cierran accesos, se controla el ingreso, entran medios alineados y se producen escenas diseñadas para redes sociales, con preguntas a modo y respuestas ensayadas.

Eso no es transparencia. Eso es montaje. Más preocupante aún: estos actos parecen contar con niveles de complacencia municipal, a cargo del edil Alejandro Barroso Chávez. No sólo en eventos recientes, sino en decisiones que han frenado inversiones millonarias en la región por razones que difícilmente se explican desde la racionalidad administrativa y que huelen más a capricho o a interés económico.

Tehuacán no puede ser rehén de estrategias de distracción. Mientras el kamikaze hace ruido, los verdaderos operadores permanecen en segundo plano. Si sus nombres emergieran con claridad —y hay indicios documentales que pronto podrían conocerse— quedaría claro que el Kamikaze funciona como fusible: absorbe reflectores, desvía la conversación y protege a quienes realmente mueven las piezas.

Los intocables del pasado también enfrentan a la justicia. A la luz de lo que se ha podido ver, algo cambiado en el panorama de la procuración de justicia.

@FerMaldonadoMX

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