En la política poblana, el que se mueve sí sale en la foto, siempre y cuando la cámara la sostenga quien tiene el poder. Lo ocurrido este fin de semana en el Centro de Convenciones con Celina Peña Guzmánno fue un error de cálculo ni un evento espontáneo; fue el banderazo de salida de la que puede ser una carrera que, aunque formalmente aún no inicia, en los hechos ya tiene a varios corredores en la pista de calentamiento.
El “destape” de la subsecretaria federal de Desarrollo Tecnológico, arropada por la Red de Mujeres Armentistas (REMA) y bendecida por la mirada cómplice de la dirigencia estatal de Morena, manda un mensaje de doble vía. Por un lado, posiciona a una mujer con perfil técnico-académico —muy al estilo de la narrativa de la Presidenta Sheinbaum— para la capital poblana. Por el otro, confirma que el grupo en el poder ya comenzó a barajar sus cartas para retener el control territorial en 2027.
Sin embargo, Celina Peña no caminará sola. La aduana para la candidatura de Morena en la Angelópolis será una de las más concurridas.
A partir de ahora, veremos con normalidad este tipo de “foros” y “conferencias” que sirven de mampara para el proselitismo anticipado. En la lista de los llamados adelantados.
Todo apunta a una estrategia clara: saturar el espectro público para que, cuando lleguen las encuestas, el nombre ya esté sembrado en el inconsciente colectivo.
Lo de Celina Peña es apenas el primer capítulo de una novela de sucesión que promete ser larga y, por momentos, ríspida. El “armentismo” mostró su primera carta fuerte, una mujer que combina la ciencia con la lealtad política. Pero en el tablero poblano, donde las tribus internas suelen ser más feroces que la oposición externa, la verdadera batalla no será contra el PAN, sino por sobrevivir al fuego amigo de quienes también se sienten “bendecidos”.
Ajusten sus cronómetros. La pasarela comenzó y, en este desfile, el que no enseña su estructura, no vende su candidatura.
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