En un contexto de cambios en la política migratoria y fiscal de Estados Unidos, así como de una moderación en la actividad económica internacional, la entrada de remesas a México en 2026 se perfila bajo un escenario de estabilización con crecimiento marginal, luego del ajuste observado en 2025.
Así lo señaló Anselmo Salvador Chávez Capó, profesor investigador de la Licenciatura en Administración Financiera y Bursátil de la UPAEP.
El especialista recordó que México venía de una década de crecimiento sostenido en el flujo de remesas, con incrementos anuales de entre 5 y 7% entre 2020 y 2023. Sin embargo, 2025 marcó un punto de inflexión, al registrarse una estabilización y posterior contracción tras alcanzar niveles históricamente altos en 2024.
De acuerdo con cifras preliminares y estimaciones disponibles a enero de 2026, el cierre de 2025 se ubicó entre 60 mil y 61 mil millones de dólares en remesas, lo que representa una caída aproximada de 5.8% frente a los 64 mil 745 millones de dólares registrados en 2024. Además, se observaron caídas anuales consecutivas durante más de siete meses, un comportamiento no visto desde la crisis financiera de 2008-2009.
Chávez Capó explicó que el ticket promedio por remesa se mantuvo estable, entre 390 y 405 dólares, pero disminuyó el número de transacciones, reflejando una menor frecuencia de envíos por parte de los connacionales en el extranjero.
Pese a la contracción, subrayó que las remesas siguen representando alrededor del 3.5% del Producto Interno Bruto (PIB) y continúan siendo una de las principales fuentes de divisas del país, solo detrás de las exportaciones, además de contribuir a compensar el déficit comercial petrolero.
Entre los principales elementos que explican la desaceleración en el flujo de remesas, el académico destacó: El endurecimiento de la política migratoria en Estados Unidos, que redujo el flujo de nuevos migrantes y limitó la incorporación de nuevos remitentes.
La fortaleza del peso frente al dólar, con un tipo de cambio promedio entre 17.90 y 18.20 pesos, que redujo el monto recibido en moneda nacional. Por ejemplo, un envío de 400 dólares pasó de equivaler a cerca de 8 mil pesos a alrededor de 7 mil 200, una diferencia de aproximadamente 800 pesos.
La ausencia de estímulos fiscales extraordinarios en Estados Unidos, a diferencia de años previos.
El elevado costo de vida en Estados Unidos, que presiona el ingreso disponible de los migrantes y limita su capacidad de ahorro y envío.
De cara a 2026, Chávez Capó señaló que no se prevé una crisis, sino una etapa de estabilización con recuperación marginal. Las proyecciones de analistas, bancos privados y autoridades financieras apuntan a un crecimiento de entre 1.5 y 2.7%, con un flujo estimado cercano a 62 mil millones de dólares, aún por debajo del máximo observado en 2024.
Este comportamiento estaría acompañado por una desaceleración suave de la economía estadounidense, lo que permitiría mantener niveles de empleo relativamente estables para la población migrante, aunque sin generar un repunte significativo en los envíos.
Entre los riesgos para el flujo de remesas en 2026, el especialista destacó:
La entrada en vigor del impuesto del 1% a las remesas enviadas en efectivo en Estados Unidos, vigente desde el 1 de enero, que podría reducir los montos enviados o forzar a los migrantes a buscar canales digitales.
La revisión del T-MEC, que podría generar volatilidad cambiaria.
La persistencia de la inflación, tanto en Estados Unidos como en México, que erosiona el poder adquisitivo de las familias receptoras.
En este sentido, subrayó la importancia de impulsar la educación financiera y la digitalización, para que los connacionales utilicen plataformas bancarias y reduzcan el impacto de los nuevos gravámenes.
En el ámbito estatal, Puebla se mantiene entre los cinco a siete estados con mayor recepción de remesas, con alrededor del 5% del total nacional. No obstante, en 2025 registró una contracción estimada de 6.2%, ligeramente superior al promedio nacional.
Mientras que en 2024 el estado recibió cerca de 3 mil 150 millones de dólares, para el cierre de 2025 se estiman alrededor de 2 mil 955 millones, es decir, 195 millones de dólares menos para la economía local. Municipios como Atlixco, Tehuacán y Acatlán de Osorio, con alta dependencia de estos recursos, resintieron la desaceleración, particularmente en sectores como la construcción, el comercio local y las festividades comunitarias.
Para 2026, se espera que Puebla regrese a niveles cercanos a los 3 mil – 3 mil 50 millones de dólares, con un crecimiento estimado de entre 1.8 y 3.2%, aunque el especialista advirtió que la inflación podría limitar la recuperación real del poder adquisitivo.
Finalmente, Anselmo Salvador Chávez enfatizó que las remesas siguen funcionando principalmente como un paliativo económico, más que como un motor de desarrollo. Por ello, consideró indispensable diseñar políticas públicas que canalicen estos recursos hacia proyectos productivos, especialmente en los sectores primario y secundario, con el fin de generar empleo, fortalecer economías regionales y reducir la dependencia estructural de los ingresos provenientes del exterior.
“La estabilización de las remesas obliga a México a replantear su estrategia de desarrollo. No podemos seguir dependiendo de estos recursos; es momento de transformarlos en inversión productiva que genere bienestar y arraigo en las comunidades”, concluyó el especialista.








