Como parte de los trabajos del Simulacro Nacional de Sismos, celebrado hoy 6 de mayo, especialistas de la Facultad de Ingeniería Civil de la UPAEP subrayaron la importancia de estos ejercicios para fortalecer la cultura de la prevención en un país con alta actividad sísmica como México, al tiempo que advirtieron que la corrupción en la construcción sigue siendo uno de los principales factores de riesgo para la población.
Eduardo Ismael Hernández, profesor investigador, y José Alberto Herrera Hernández, director de la Facultad de Ingeniería Civil de la UPAEP, coincidieron en que los simulacros no deben tomarse como un trámite, sino como una herramienta vital que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Ismael Hernández explicó que el simulacro de este 6 de mayo contempla un sismo hipotético de magnitud 8.2 con epicentro en las costas de Guerrero, lo que permitiría —en un escenario real— contar con entre 40 y 50 segundos de anticipación gracias al sistema de alerta sísmica. “Estos ejercicios permiten evaluar cómo reacciona la sociedad ante una amenaza real y ayudan a generar esquemas de actuación efectiva”, señaló.
Asimismo, recordó que México es un país altamente sísmico, por lo que la preparación constante es indispensable. “Un simulacro es una simulación de algo que puede ocurrir en la realidad. Si no sabemos cómo actuar, el riesgo se incrementa considerablemente”, advirtió.
Respecto al sismo registrado el pasado 4 de mayo, con magnitud final de 5.6 y epicentro cerca de Pinotepa Nacional, Oaxaca, el académico aclaró que el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX) sí se activó correctamente en infraestructura conectada; sin embargo, no llegó a teléfonos celulares debido a que el sistema estaba en proceso de revisión con miras al simulacro.
“El sistema funcionó, pero no se emitió la alerta en celulares porque estaba siendo evaluado. Esto se informó minutos después por la autoridad correspondiente”, explicó.
Añadió que es fundamental que la población comprenda que la alerta sísmica no funciona para todos los casos. “Si el sismo ocurre cerca de la ciudad, como podría ser en Puebla, no hay tiempo de anticipación. La alerta es efectiva principalmente para sismos lejanos, como los de la costa del Pacífico”, puntualizó.
Ambos especialistas coincidieron en que, a pesar de avances desde 1985, México aún enfrenta importantes retos en materia de gestión de riesgos.
Ismael Hernández recordó que el Sistema Nacional de Protección Civil surgió tras los desastres de la década de los 80, pero consideró que su fortalecimiento aún es insuficiente. “Hemos avanzado, pero no como deberíamos. Siguen colapsando edificaciones, incluso con sismos no tan grandes, lo que evidencia fallas estructurales y de supervisión”, indicó.
En ese sentido, fue enfático al señalar que la corrupción en la industria de la construcción agrava el riesgo sísmico. “Si se construye con mala calidad, el riesgo aumenta. La corrupción mata, porque un edificio mal hecho puede colapsar ante un sismo”, sentenció.
Por su parte, José Alberto Herrera Hernández destacó que muchas afectaciones no provienen directamente del sismo, sino de construcciones irregulares, falta de mantenimiento y ausencia de supervisión técnica. “El fenómeno natural no lo podemos evitar, pero sí podemos reducir sus efectos. La prevención salva vidas”, afirmó.
Los expertos reiteraron la importancia de tomar en serio los simulacros y seguir medidas básicas como:
Identificar rutas de evacuación y puntos de reunión.
Mantener la calma y seguir indicaciones de brigadistas.
Evitar zonas de riesgo como ventanas, objetos pesados o estructuras inestables.
Conocer el funcionamiento de instalaciones de gas, agua y corriente eléctrica.
Prepararse para distintos escenarios: en casa, en la calle o al conducir.
Además, señalaron que en caso de no poder evacuar, es fundamental ubicarse en zonas seguras dentro del inmueble, como junto a muros estructurales o columnas, protegiendo cabeza y cuello.
Finalmente, José Alberto Herrera hizo un llamado a la ciudadanía a involucrarse activamente en estos ejercicios. “El simulacro no es un juego. Es una oportunidad para prepararnos ante una situación real. La participación informada puede marcar la diferencia”, expresó.
En tanto, Eduardo Ismael concluyó que la reducción del riesgo sísmico requiere un esfuerzo conjunto entre autoridades, academia y sociedad. “No podemos evitar los sismos, pero sí disminuir nuestra vulnerabilidad. La prevención, la educación y la honestidad en la construcción son fundamentales para proteger la vida”, concluyó.
Con este Simulacro Nacional, México conmemora además los 40 años del Sistema Nacional de Protección Civil, recordando que la memoria histórica y la preparación continua son pilares esenciales para enfrentar futuros desastres.






