Después de seis años, la tradición de la realización del altar de Dolores regresa a la Universidad Jesuita a través de la interpretación y compromiso del estudiantado universitario.
Como parte de la práctica intercultural y religiosa que forma parte importante de la educación jesuita en la IBERO Puebla, se adoptó una vez más una práctica destacada de la época de Cuaresma. Con el altar de Dolores, las y los creyentes mexicanos realizan una representación simbólica que honra el sufrimiento de la Virgen María por los siete dolores mencionados en la pasión de Cristo.
Esta tradición, que tiene lugar cada viernes previo al Domingo de Ramos, surge en el siglo XIII en Italia con la orden de los Siervos de María, y llegó a México tres siglos después; no fue hasta el siglo XVIII que se popularizó gracias a los jesuitas, combinando elementos barrocos con simbolismos tradicionales de la región, como tapetes de aserrín, papel picado morado y blanco, entre otros.
Así recibió la Comunidad Universitaria esta celebración que pudo ser posible gracias a la colaboración del taller de talavera poblana Casa Torres, y que es reconocida como una de las tradiciones católicas más importantes, que honran la vida, dolor y sacrificio de María por su hijo Jesús.
El Mtro. Alfredo Cruz Colín, jefe de Talleres Artísticos de la IBERO Puebla, explicó el sentido detrás de esta celebración, en el que se dedica un altar a distintas advocaciones de María, como la Virgen de la Soledad, de las Angustias o de la Piedad, siendo en este caso la Virgen de los Dolores la figura central.
Entre los elementos que conforman el altar destacan las lágrimas de vidrio soplado, que representan el dolor de la Virgen, así como las banderitas metálicas que, con su sonido, evocan un ambiente de acompañamiento y celebración, en una dualidad entre tristeza y esperanza.
Asimismo, el altar incorpora elementos propios de la tradición poblana, como tibores de talavera, que refuerzan su identidad local y su vínculo con las prácticas culturales heredadas desde la época virreinal. También se incluyen esferas de vidrio soplado y naranjas amargas, símbolos que representan la tensión entre el sufrimiento y la dulzura en este momento religioso.
Como parte de esta edición, la experiencia se enriquece con una presentación musical de saeta flamenca, una expresión tradicional de origen andaluz que acompaña procesiones religiosas y fortalece el sentido de comunidad y devoción. El Mtro. Cruz Colín extendió la invitación a la Comunidad Universitaria y al público en general a visitar el Altar de Dolores, como una oportunidad para acercarse a una tradición que combina arte, espiritualidad y memoria cultural.







