México despertó este domingo 22 de febrero de 2026 bajo un cielo teñido por el humo de las barricadas y el eco de las detonaciones. El operativo federal en Tapalpa, Jalisco, que culminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, no solo desató una respuesta violenta de los grupos criminales, sino que activó una maquinaria igual de peligrosa y, a veces, más rápida: la desinformación.
Mientras los bloqueos carreteros se extendían por más de 20 estados y el fuego consumía vehículos en la autopista México-Cuernavaca y en las arterias de Guadalajara, las redes sociales se convertían en un campo de batalla de datos sin verificar. En cuestión de minutos, el vacío de información oficial fue llenado por una ola de noticias falsas (fake news) que hablaban de toques de queda inexistentes, ataques a hospitales y cierres de zonas hoteleras que solo existían en la narrativa del pánico.
Lo vivido este domingo no es menor. Cuando la ciudadanía se enfrenta a situaciones de alto riesgo como el incendio de negocios o el cierre de carreteras, el miedo es un combustible natural. Sin embargo, la proliferación de audios de procedencia dudosa e imágenes creadas con Inteligencia Artificial —como las que reportó el Gobierno de Jalisco sobre edificios en llamas que nunca fueron atacados— genera lo que algunos analistas ya llaman una “crisis psicótica colectiva”.
La desinformación en estos contextos tiene consecuencias reales y tangibles que provocan saturaciónde servicios de emergencia por falsos desvían a cuerpos de seguridad y bomberos de los puntos donde realmente se les necesita; una parálisis económica innecesaria debido a que negocios cerraron sus puertas por rumores de ataques inminentes que nunca ocurrieron, afectando el sustento de miles y pánico en el transporte por la cancelación de corridas de autobuses y la incertidumbre en aeropuertos como el de Guadalajara se agravaron por la falta de un criterio unificado de consumo informativo.
La urgencia de una cultura de verificación
Es imperativo que, como sociedad, adoptemos una higiene informativa. En un México donde la violencia de los grupos delictivos busca intimidar al Estado y a la población, el ciudadano no puede ser un altavoz involuntario del terrorismo psicológico.
Hoy, más que nunca, es vital acudir exclusivamente a canales oficiales y a medios de comunicación con trayectoria que ejercen el rigor del contraste de fuentes. No se trata de censura, sino de autoprotección. Compartir un video sin verificar es, en la práctica, ayudar a quienes prendieron fuego a ese vehículo en la carretera: es amplificar el caos.
La caída de una figura como “El Mencho” marca un hito en la seguridad de México, pero la verdadera victoria contra el crimen organizado también pasa por la madurez de nuestra conversación pública. Si permitimos que el rumor dicte nuestro miedo, el control de las calles seguirá en manos de quienes apuestan por el desorden. Este domingo nos recordó que, ante la pólvora, la mejor defensa es la información objetiva.






