Por años, las y los poblanos presumimos vivir en un estado donde la tranquilidad formaba parte de la vida cotidiana. Hoy, esa percepción se diluye entre titulares, sirenas y el miedo que comienza a instalarse peligrosamente como un elemento más de la rutina.
Sin entrar en debates políticos ni en la confrontación que poco aporta a las soluciones, hay una realidad que no puede ignorarse: a la ciudadanía lo que más le importa son los resultados. La gente no quiere discursos, quiere vivir en paz. Quiere salir a trabajar, a estudiar o a convivir sin la incertidumbre de si regresará a casa sin contratiempos.
La ola de violencia que enfrenta Puebla es cada vez más visible y más preocupante. Lo más grave no es solo que ocurra, sino que comienza a normalizarse. Lo que antes parecía lejano, propio de otras regiones del país, hoy se vive en nuestras calles, colonias y espacios públicos. Ese proceso de “acostumbramiento” es, quizá, uno de los mayores riesgos sociales, porque cuando la violencia se vuelve cotidiana, también se vuelve más difícil combatirla desde la exigencia colectiva.
No es casualidad que distintas voces, desde ámbitos sociales, religiosos y empresariales, hayan comenzado a expresar su preocupación.
El arzobispo de Puebla, monseñor Víctor Sánchez Espinosa, lo dijo con claridad durante su homilía dominical, al describir el sentimiento que muchas familias comparten: el temor constante ante la noticia de un nuevo hecho violento. Sus palabras no fueron políticas, fueron humanas. Reflejaron la angustia de una sociedad que observa cómo la violencia escala en brutalidad y frecuencia.
En paralelo, el sector empresarial también alzó la voz. El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Cisneros Madrid, se pronunció tras el asesinato de tres jóvenes este fin de semana en la zona de Angelópolis, un hecho que cimbró a la comunidad poblana. Las víctimas, jóvenes que se encontraban en un punto de convivencia, fueron atacadas con arma de fuego, arrebatándoles la vida y dejando una profunda indignación social.
El mensaje de los empresarios fue claro: no se trata de confrontar, sino de construir soluciones. Porque la inseguridad no distingue sectores. Afecta a todos.
Hoy, el gran reto para quienes gobiernan es evidente. La seguridad pública se ha convertido en uno de los principales factores que la ciudadanía tomará en cuenta hacia el futuro. Junto con la obra pública y el desarrollo, será un tema determinante en la evaluación social.
El 2027 parece lejano en el calendario, pero en la dinámica política y social está prácticamente a la vuelta de la esquina. Y más allá de partidos o nombres, lo que estará en juego será la confianza ciudadana.
La gente no vota por promesas, vota por realidades.
Puebla no merece acostumbrarse a la violencia.
Merece recuperarse. Merece volver a sentirse segura.
Porque cuando el miedo se vuelve cotidiano, lo que está en riesgo no es solo la seguridad, sino la esencia misma de la vida en comunidad.
Y aquí la gran pregunta…
¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?
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