En una reciente intervención ante el Congreso del Estado, el diputado local Roberto Zataráin Leal abordó el creciente fenómeno de los therians en la entidad, haciendo un llamado a la sociedad y a las instituciones para evitar la estigmatización y priorizar el bienestar emocional de los jóvenes involucrados.
Zataráin, quien preside la Comisión de Derechos Humanos, enfatizó que este movimiento no debe ser visto simplemente como una “rebeldía”, sino como una manifestación de las crisis de identidad y salud mental que enfrentan las nuevas generaciones.
Puntos clave de la postura legislativa:
No a la discriminación: El legislador instó a la ciudadanía a no caer en la burla o el acoso hacia quienes se identifican como therians, señalando que la violencia solo profundiza el aislamiento de los jóvenes.
Enfoque en Salud Mental: Zataráin sugirió que esta identificación con animales puede ser un mecanismo de defensa ante entornos hostiles, soledad o traumas. Propuso que, más que críticas, estos jóvenes necesitan acompañamiento psicológico y espacios de expresión seguros.
Respeto al Orden Público: Si bien defendió el derecho a la identidad, el diputado fue claro al señalar que el comportamiento debe mantenerse dentro de los límites de la convivencia social. Subrayó que cualquier conducta que afecte a terceros o altere el orden debe ser atendida bajo las normas vigentes.
Responsabilidad Parental: Hizo un exhorto a los padres de familia para establecer canales de comunicación abiertos y buscar ayuda profesional si detectan que sus hijos utilizan estas identidades para desconectarse de la realidad de forma preocupante.
¿Qué son los Therians y por qué generan controversia?
Los therians son personas que se identifican de manera profunda, ya sea a nivel psicológico o espiritual, como un animal no humano. A diferencia de otros grupos que utilizan disfraces por entretenimiento, el therian siente que posee la esencia o los instintos de una especie específica (su theriotipo).
Este fenómeno genera polémica debido a que desafía las convenciones sociales sobre la identidad humana. La controversia se intensifica cuando estas conductas se trasladan a espacios públicos o educativos —como el uso de máscaras, colas o la imitación de sonidos animales—, lo que provoca debates entre quienes defienden el libre desarrollo de la personalidad y quienes consideran que se trata de un trastorno que requiere intervención clínica inmediata por el riesgo de alienación social.







