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martes, septiembre 22, 2026
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Más allá de la tribuna: la dignidad y el respeto no admiten género ni edad

En la era del entretenimiento digital, la frontera entre la figura pública y la responsabilidad gubernamental parece haberse vuelto cada vez más difusa. Lo ocurrido recientemente con las diputadas locales por Puebla, Nayeli Salvatori y Grace Palomares, a raíz de las expresiones vertidas en el videopodcast DesCasadas, pone nuevamente sobre la mesa un debate urgente: ¿cuál es el límite entre el esparcimiento personal y el compromiso ético que exige la representación popular?

Durante la emisión de dicho espacio, los comentarios orientados a mofarse del aspecto físico, el envejecimiento y las condiciones de salud de los hombres adultos mayores desencadenaron una ola de indignación justa. Calificar despectivamente el deterioro natural del cuerpo o convertir las enfermedades crónicas en el remate de una broma no es un ejercicio inofensivo de humor; es una manifestación clara de edadismo y una falta de empatía hacia un sector vulnerable de la sociedad.

La contradicción resulta evidente. En el plano legislativo, ambas diputadas han presentado propuestas que buscan atender problemáticas reales. Sin embargo, el trabajo parlamentario pierde fuerza y credibilidad cuando, en la arena digital, se emiten discursos que deshumanizan a las personas por su edad o género. La labor de un legislador no concluye al bajar de la tribuna; la coherencia debe acompañar cada espacio público que se ocupa.

Más allá del tropiezo mediático, el hecho exige una reflexión profunda sobre los valores que rigen la conversación pública. La lucha por una sociedad más justa e incluyente no puede basarse en dobles raseros. Con la misma contundencia con la que se señala, combate y condena la violencia, la cosificación o el rechazo hacia las mujeres, se debe rechazar la burla y la minimización hacia los hombres.

La dignidad humana es un principio indivisible. No depende del género, de la edad, ni de los estándares estéticos predominantes. Promover la equidad de derechos no consiste en invertir los roles de la discriminación, sino en erradicarla por completo. El respeto hacia las mujeres no se fortalece demeritando a los hombres, del mismo modo que el avance de un grupo social jamás debe construirse sobre la burla hacia otro.

Los cargos de elección popular conllevan una carga pedagógica implícita. Quienes representan a la ciudadanía tienen el deber moral de actuar como referentes de respeto, tolerancia e inclusión. El debate público —ya sea en un congreso estatal o en un estudio de grabación para redes sociales— debe ser un vehículo para edificar, concientizar y unir, no para fragmentar o ridiculizar la vulnerabilidad ajena.

Aprender de estos desatinos es indispensable para elevar la calidad de nuestra democracia. La verdadera conciencia social nace cuando entendemos que los derechos, la integridad y el valor de cada individuo merecen el mismo resguardo, sin excepciones y sin matices.

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Miriam Espinoza
Miriam Espinoza
20 años haciendo lo que me gusta: trabajar en medios de comunicación. Con experiencia como conductora y reportera en televisión, radio y plataformas digitales. También en medios escritos y como jefa de información, coordinadora de prensa en los sectores público y privado y como docente. Soy directora general del sitio web Arroba Noticias.
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