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miércoles, octubre 28, 2026
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Entre la fortuna y la lucha: Una reflexión necesaria este 8M

Alcanzar el éxito y la plenitud personal no debe ser una cuestión de “suerte”

Hoy escribo desde el privilegio. Tengo la fortuna de desarrollarme en en entornos sanos, de vivir relaciones plenas que me impulsan a ser y hacer lo que me gusta  y de no haber sido víctima de la violencia, ese mal que, lamentablemente, es la realidad cotidiana de tantas.

Soy testigo de la resiliencia inquebrantable de colegas y amigas que, tras enfrentar agresiones físicas, verbales o una marcada desigualdad de oportunidades, se levantan con una fuerza que me conmueve y me obliga a la acción.

La sororidad en el mundo profesional no es un concepto abstracto; es el compromiso de las que hemos llegado a ciertos espacios para tender la mano a quienes aún luchan contra techos de cristal o entornos hostiles. Mi bienestar no es ajeno al dolor de quien sufre; es el motor para visibilizar que los  escenarios desiguales siguen ahí, aunque a veces no nos toquen directamente.

Para que el cambio sea real, debemos alejarnos del feminismo mal entendido que se percibe como una confrontación estéril. Nuestra prosperidad es válida, pero nuestra empatía con las que han vivido historias de maltrato es lo que nos hace verdaderas líderes.

Este camino no debe excluir los hombres, sino invitarles a ser aliados estratégicos. La equidad no es un juego de suma cero; una sociedad donde la mujer está segura y valorada es una sociedad más productiva y humana para todos.

Reconocer que soy una mujer próspera y feliz no me aleja de la lucha; me compromete más con ella. El 8 de marzo es un recordatorio de que los grandes retos persisten. Que nuestra voz sirva para validar a las que han sido silenciadas y para construir puentes de entendimiento.

Celebremos nuestros logros, pero mantengamos la mirada firme en la meta: que la seguridad, el respeto y la igualdad de oportunidades dejen de ser un privilegio de algunas para convertirse en la norma de todas.

Hoy escribo desde el privilegio. Tengo la fortuna de desarrollarme en en entornos sanos, de vivir relaciones plenas que me impulsan a ser y hacer lo que me gusta  y de no haber sido víctima de la violencia, ese mal que, no lamentablemente, es la realidad cotidiana de tantas.

Soy testigo de la resiliencia inquebrantable de colegas y amigas que, tras enfrentar agresiones físicas, verbales o una marcada desigualdad de oportunidades, se levantan con una fuerza que me conmueve y me obliga a la acción.

La sororidad en el mundo profesional no es un concepto abstracto; es el compromiso de las que hemos llegado a ciertos espacios para tender la mano a quienes aún luchan contra techos de cristal o entornos hostiles. Mi bienestar no es ajeno al dolor de quien sufre; es el motor para visibilizar que los  escenarios desiguales siguen ahí, aunque a veces no nos toquen directamente.

Para que el cambio sea real, debemos alejarnos del feminismo mal entendido que se percibe como una confrontación estéril. Nuestra prosperidad es válida, pero nuestra empatía con las que han vivido historias de maltrato es lo que nos hace verdaderas líderes.

Este camino no debe excluir los hombres, sino invitarles a ser aliados estratégicos. La equidad no es un juego de suma cero; una sociedad donde la mujer está segura y valorada es una sociedad más productiva y humana para todos.

Reconocer que soy una mujer próspera y feliz no me aleja de la lucha; me compromete más con ella. El 8 de marzo es un recordatorio de que los grandes retos persisten. Que nuestra voz sirva para validar a las que han sido silenciadas y para construir puentes de entendimiento.

Celebremos nuestros logros, pero mantengamos la mirada firme en la meta: que la seguridad, el respeto y la igualdad de oportunidades dejen de ser un privilegio de algunas para convertirse en la norma de todas.

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Miriam Espinoza
Miriam Espinoza
20 años haciendo lo que me gusta: trabajar en medios de comunicación. Con experiencia como conductora y reportera en televisión, radio y plataformas digitales. También en medios escritos y como jefa de información, coordinadora de prensa en los sectores público y privado y como docente. Soy directora general del sitio web Arroba Noticias.
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