Dicen los que Saben que todo apunta a que la alcaldesa de Acatlán de Osorio, Guadalupe Lucero Bárcenas, terminará saliéndose con la suya y que el proceso de revocación de mandato quedará archivado en los anaqueles de la historia política del municipio.
A pesar de los acuerdos alcanzados entre regidores y autoridades estatales, todo indica que sólo algunos de ellos se cumplirán.
El conflicto en el Ayuntamiento, lejos de disiparse, ha dejado más dudas que certezas y mantiene a la población entre la incertidumbre y el desencanto.
En las calles se repite una misma queja: en Acatlán parece no haber autoridad.
Entre los compromisos asumidos destacan la separación del secretario de Seguridad Pública Municipal, Juan Alberto Domínguez, la revisión de su actuación, la remoción del secretario general del Ayuntamiento, Álvaro Cruz Martínez, y la realización de una auditoría extraordinaria a las finanzas municipales.
Las dos primeras medidas podrían concretarse en tiempo y forma. Sin embargo, la auditoría externa avanza con la misma lentitud que ha caracterizado a la actual administración.
Mientras tanto, la homologación de salarios sigue siendo una asignatura pendiente.
En este escenario, la solicitud de revocación de mandato ya se encuentra en la mesa del Congreso del Estado. Los diputados tendrán la última palabra: impulsar el procedimiento o enviarlo a la congeladora legislativa. Todo indica que podría prevalecer esta última opción.
Entonces surgen las preguntas obligadas:
¿Qué futuro le espera a Guadalupe Lucero Bárcenas?
¿Se restablecerá la gobernabilidad en Acatlán?
¿Los regidores lograrán sus objetivos o todo quedará en un intento político fallido?
Porque al final del día, el viejo dicho vuelve a cobrar vigencia: “el pueblo quita y el pueblo pone”. Pero la pregunta de fondo es inevitable: ¿realmente es así?
¿Es la voluntad ciudadana la que decide el destino de sus gobernantes o son los acuerdos políticos los que terminan inclinando la balanza?
En Acatlán, la respuesta aún está por escribirse.
Pero si el pueblo pone, y no puede quitar, entonces la democracia deja de ser un principio… y se convierte sólo en un discurso ¡O no?
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