En México, un país de 130 millones de habitantes, las personas viven más tiempo, pero también tienen menos hijos. De acuerdo con el censo 2020 del INEGI, el índice de envejecimiento en México es de 47.7%, más del doble (21.3%) que en el 2000. Esto significa que en el país viven al menos 48 personas adultas mayores por cada 100 jóvenes.
La proyección hacia el 2050 plantea retos sustanciales para garantizar el bienestar de toda la población: se espera que la esperanza de vida promedio llegue hasta los 80 años (hoy es de 76), por lo que 1 de cada 4 personas tendrá más de 60 años. En contraste, la natalidad seguirá cayendo hasta provocar que la población deje de aumentar por primera vez desde 1920.
Existen diferentes motivos para que las juventudes decidan no tener hijos. El Dr. Miguel Calderón Chelius, académico responsable del Laboratorio de Salarios de la IBERO Puebla, identifica tres factores primordiales. En primer lugar, la visión hedonista de la vida: “Se ha impregnado en la sociedad la idea de un disfrute instantáneo. Las responsabilidades familiares, entre ellas el cuidado de los hijos, se ven como una carga que impide ese disfrute”.
Cuando los jóvenes construyen sus proyectos de vida, existe una fuerte tendencia a priorizar las experiencias personales o en pareja. Esto también tiene motivaciones económicas: los ingresos individuales y familiares no son suficientes para hacer frente al encarecimiento de la vida. “Tener los recursos para mantener y criar a un hijo se ha vuelto muy costoso”, explica el Dr. Calderón Chelius.
De igual manera, los cambios en la salud reproductiva derivados de los métodos anticonceptivos han permitido el disfrute de una vida sexual en la que la maternidad y paternidad sean por elección. “Para las mujeres, el ser madre ahora no es el único rol de género que pueden ejercer. Existen otras posibilidades, no solo profesionales, sino de proyecto de vida”, agrega la Mtra. Ana Gamboa Muñoz.
De acuerdo con la Encuesta de la Dinámica Demográfica 2023 (ENADID), el 44% de las mujeres jóvenes no desea tener hijos debido a numerosos factores personales, sociales, económicos e institucionales.
Para la responsable del Observatorio de Violencia Social y de Género (OVSG) de la IBERO Puebla, hombres y mujeres son conscientes de que las crisis ambientales, la incertidumbre económica y la crisis de derechos humanos, impactan en el deseo y la decisión de tener descendencia.
De igual manera, los esquemas de familia se han modificado. Por un lado, las labores de cuidado pueden multiplicar las jornadas, especialmente para las mujeres que trabajan o estudian; por otro, la conciencia social de las nuevas generaciones las lleva a grandes dilemas éticos sobre la mejor forma de crianza. “Ahora lo que vemos es mucha permisividad, pero también mucho castigo […] Está el deseo de ser madre, pero también el miedo a ejercer”, comenta Gamboa Muñoz.
Actualmente, México ya se encuentra ligeramente por debajo de la tasa de reemplazo generacional: fallecen más personas de las que nacen. Diferentes países europeos y asiáticos ya se enfrentan a que el grueso de su población se encuentre en edades de dependencia: de 0 a 15 años y de 65 en adelante. Como adelanta el Programa Nacional de Población 2026-2030 del Gobierno de México, esto requerirá de ajustes sustanciales en las políticas públicas.
El Dr. Calderón Chelius advierte que serán las personas entre 15 y 65 años las responsables del cuidado de las poblaciones adultas mayores conforme estas vayan aumentando. Aspectos como los esquemas de jubilación, el tratamiento de enfermedades crónico-degenerativas y la adecuación de la infraestructura de las ciudades serán claves en los próximos años.








