La calidad en las obras de ingeniería e infraestructura es un factor determinante para prevenir tragedias, proteger la vida de las personas y garantizar el uso eficiente de los recursos públicos, coincidieron académicos de la Facultad de Ingeniería Civil de la UPAEP.
Se dio la participación de Eduardo Ismael Hernández, profesor investigador de la Facultad de Ingeniería Civil de la UPAEP, y José Alberto Herrera Hernández, también profesor investigador de la misma facultad, quienes subrayaron la necesidad de una planeación adecuada, el respaldo de especialistas y el cumplimiento estricto de las normas como pilares fundamentales para asegurar obras seguras y de calidad.
Durante su intervención, Eduardo Ismael destacó que la ingeniería civil es una disciplina esencial para el desarrollo social y económico de cualquier país, ya que está presente en la construcción de hospitales, escuelas, puentes, carreteras, presas, sistemas de agua potable, saneamiento y otras infraestructuras indispensables para la vida cotidiana.
“Es imposible imaginar un país desarrollado sin obras de ingeniería civil; sin embargo, estas deben cumplir con estándares técnicos y normativos que garanticen su integridad estructural y su seguridad a lo largo del tiempo”, señaló.
El académico enfatizó que la calidad en una obra no se limita a su apariencia, sino que implica cumplir con los reglamentos de construcción, aplicar procesos constructivos adecuados y garantizar que las estructuras sean seguras, funcionales y duraderas. De lo contrario, advirtió, se corre el riesgo de invertir grandes recursos en proyectos que se vuelven obsoletos rápidamente o que presentan fallas que ponen en peligro a la población.
Uno de los puntos centrales abordados fue la planeación, considerada por Ismael Hernández como la primera y más importante etapa de cualquier proyecto de infraestructura. Explicó que antes de construir, es indispensable identificar si una obra es realmente necesaria, evaluar su viabilidad y realizar estudios preliminares como análisis geológicos, hidrológicos, topográficos y de peligro sísmico.
“Una planeación deficiente, particularmente en obras públicas, ha sido una constante en nuestro país y eso tiene consecuencias graves. La planeación adecuada permite optimizar recursos y reducir riesgos desde el inicio”, puntualizó.
Posteriormente, explicó que la etapa de diseño es clave para integrar los conocimientos técnicos de la ingeniería civil, considerando factores como sismos, vientos, huracanes y condiciones del suelo, además de definir materiales, dimensiones y especificaciones estructurales acordes con la normatividad vigente.
De estas etapas, indicó, surge el proyecto ejecutivo, documento indispensable que contiene planos, memorias de cálculo y especificaciones técnicas que deben guiar la construcción. “Ejecutar una obra sin proyecto ejecutivo o modificarlo durante la construcción es una práctica inaceptable que compromete seriamente la calidad y la seguridad”, advirtió.
Ismael Hernández lamentó que, en muchos casos, la etapa de construcción sea la más visible y políticamente atractiva, mientras que se descuidan procesos fundamentales previos. En este contexto, subrayó la importancia de evitar actos de corrupción y de cumplir las leyes y reglamentos en la adjudicación y ejecución de obras públicas.
“Una obra de calidad es una obra segura. Por el contrario, una obra mal ejecutada representa un riesgo permanente para la sociedad, como tristemente lo hemos visto en casos recientes en distintos niveles de gobierno”, expresó.
Como ejemplo de buenas prácticas, mencionó la Torre Latinoamericana, una obra emblemática diseñada y construida en la década de 1950 que ha resistido numerosos sismos gracias a una correcta planeación, diseño y ejecución, aun cuando no existían las tecnologías actuales.
Por su parte, José Alberto Herrera Hernández abordó la temática desde la perspectiva de la gestión de riesgos en la construcción, señalando que todos los accidentes pueden prevenirse mediante una adecuada identificación y mitigación de riesgos a lo largo de todo el ciclo de vida de una edificación, desde su conceptualización hasta su demolición.
“Los riesgos siempre están presentes en cualquier proyecto de construcción, pero como ingenieros civiles tenemos la responsabilidad de gestionarlos adecuadamente, priorizando siempre la seguridad y la vida de los ocupantes”, afirmó.
Destacó que la gestión de la calidad está estrechamente ligada a los valores éticos de los profesionistas, así como a la integridad de quienes supervisan y ejecutan las obras. En este sentido, subrayó que garantizar que los profesionales hagan bien su trabajo es una de las formas más efectivas de reducir riesgos y evitar tragedias.
Ambos académicos coincidieron en que actualmente existen herramientas técnicas y métodos de evaluación, tanto destructivos como no destructivos, que permiten verificar la calidad y la integridad estructural de edificaciones ya construidas, como pruebas de materiales, monitoreo de vibraciones, instrumentación sísmica y pruebas de carga en puentes y estructuras de gran envergadura.
Durante la sesión de preguntas y respuestas, los especialistas señalaron que, si bien las normas de construcción en Puebla se han ido actualizando con base en los reglamentos de la Ciudad de México, estas representan requisitos mínimos de seguridad, por lo que es necesario ir más allá del simple cumplimiento normativo y aplicar criterios de ingeniería que prioricen la resiliencia estructural.
Respecto al uso de la inteligencia artificial, indicaron que puede ser una herramienta de apoyo para el análisis de riesgos y la evaluación de construcciones existentes, pero no debe sustituir el criterio, la experiencia y la responsabilidad ética del ingeniero.
Finalmente, abordaron la problemática de las casonas del Centro Histórico, destacando la necesidad de realizar evaluaciones integrales que incluyan estudios del suelo, comportamiento estructural y la participación de ingenieros, arquitectos y restauradores, con el fin de preservar el patrimonio cultural sin poner en riesgo a la población.
Eduardo Ismael Hernández hizo un llamado a los profesionistas del sector de la construcción a actuar con ética y responsabilidad: “Tomar decisiones correctas puede marcar la diferencia entre una obra segura y una tragedia. La corrupción sigue siendo uno de los principales obstáculos para la calidad en la infraestructura”.
En el mismo sentido, José Alberto Herrera Hernández resaltó el papel de la universidad en la formación de ingenieros comprometidos con las buenas prácticas y la seguridad estructural, subrayando que la prevención de riesgos comienza desde las aulas.







